Baños de hielo y calor tras entrenar alivian el dolor pero retrasan la regeneración muscular

Un estudio evaluó a 40 voluntarios durante 72 horas con inmersiones a 9 y 42 grados Celsius.

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Un estudio internacional evaluó los efectos de los baños de hielo y las terapias térmicas con calor después de una sesión de entrenamiento.

La investigación, liderada por la Universidad de Heath London y publicada en The Journal of Thermal Biology, analizó a 40 voluntarios activos durante 72 horas.

Los participantes fueron sometidos a inmersiones en agua a 9 y 42 grados Celsius para comparar ambas opciones.

La inmersión en agua fría induce una vasoconstricción periférica inmediata que disminuye la inflamación aguda y adormece las terminaciones nerviosas.

Ese efecto reduce los dolores musculares tardíos y limita el edema tras un esfuerzo físico de alto impacto. Sin embargo, el frío extremo puede dificultar los procesos de regeneración natural, porque al contraer los vasos sanguíneos limita la llegada de nutrientes y oxígeno al tejido dañado.

Estudios previos advirtieron que su uso excesivo puede incidir en el crecimiento de masa muscular y la ganancia de fuerza a largo plazo.

La inmersión en agua caliente estimula la expresión de la proteína de choque térmico HSP72, molécula protectora frente al estrés celular que participa en las fibras musculares.

Con el calor, los marcadores de daño en el tejido retornan más rápido a sus valores basales.

No obstante, aplicar calor inmediatamente después de una lesión aguda con inflamación severa puede incrementar la hinchazón y el edema local.

Las exposiciones prolongadas también pueden provocar deshidratación, mareos, bajas de presión arterial o fatiga sistémica.