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La histórica reducción del caudal del río Negro, en el estado brasileño de Amazonas, ha dejado al descubierto grandes extensiones de terreno arenoso y numerosas embarcaciones atrapadas, dificultando el transporte fluvial, el turismo y el comercio en la zona.
La emergencia también afecta a comunidades que dependen del río para sus actividades diarias, algunas de las que enfrentan dificultades para obtener agua potable. Habitantes de la región advierten sobre las consecuencias de esta situación, que podría agravarse en las próximas semanas.
Roberto Moreira, un barquero de 44 años que lleva más de 30 recorriendo estas aguas, aseguró que nunca había presenciado una escena similar, especialmente al observar una embarcación de madera de gran tamaño varada por la falta de profundidad.
En la comunidad ribereña de Aracari, en Novo Airão, el descenso del nivel del río también repercute en el abastecimiento de agua.
De acuerdo con los registros portuarios de Manaos, el río se encuentra alrededor de los 16,50 metros, más de dos metros por debajo de su nivel de principios de octubre. La cifra también refleja una situación más crítica que la registrada durante el mismo período del año pasado, cuando superaba los 19 metros. La influencia del fenómeno de El Niño amenaza con mantener temperaturas elevadas y lluvias por debajo de la media histórica en el norte de Brasil, lo que agrava el estiaje.