
El uso prolongado de teléfonos celulares ha originado el fenómeno conocido como “cuello tecnológico”, una alteración postural que afecta la firmeza y apariencia de la piel, especialmente en la zona del cuello, donde el grosor es menor y las glándulas sebáceas son escasas, según expertos.
Al inclinar la cabeza hasta 60 grados para mirar la pantalla, la presión sobre el cuello supera las 60 libras, de acuerdo con datos de la Cleveland Clinic en Estados Unidos, provocando tensión y dolor.
Esta flexión repetitiva interrumpe la matriz extracelular de la dermis y acelera la ruptura de las fibras de colágeno y elastina, acelerando el envejecimiento cutáneo.