
La depresión posparto es un trastorno que puede presentarse en una de cada diez embarazadas y extenderse hasta un año, según la ginecóloga Xóchitl Centeno.
La Organización Mundial de la Salud estima que 13 de cada 100 pacientes pueden desarrollar esta condición, que se agrava por falta de apoyo económico y familiar.
La especialista diferencia entre la tristeza posparto o “baby blues”, normal por la caída hormonal de estrógeno y progesterona, y la depresión posparto propiamente dicha, que se diagnostica cuando los síntomas superan las dos semanas.
El cerebro de la mujer se reestructura en cada embarazo para proteger al bebé, lo que genera sobrepreocupación y, en algunos casos, dificultad para establecer vínculo afectivo.
Los antecedentes de depresión, ansiedad previa y la falta de soporte económico son factores de riesgo determinantes; en Nicaragua la incidencia alcanza el 20%, mientras que en países desarrollados oscila entre el 5% y el 10%.
La psicóloga clínica Alba Roni, desde Japón, explicó que el “bajón” hormonal provoca problemas emocionales intensos y un diálogo interno negativo, pero recalcó que esta condición es temporal.
Centeno critica que en la cultura nicaragüense los familiares se enfoquen en el bebé y descuiden a la madre recién parida, y recomienda buscar ayuda profesional desde que aparecen los primeros sentimientos de miedo o deseos de autolesionarse.