
El doctor Javier Bravo alertó que muchos pacientes llegan a emergencias por accidentes o sustos, les toman la glucosa y al encontrar niveles elevados lo atribuyen equivocadamente a ansiedad o estrés, cuando en realidad podrían tener diabetes no diagnosticada con meses de evolución.
Este error de autodiagnóstico retrasa el tratamiento y permite que la enfermedad siga destruyendo las células beta del páncreas, de las cuales ya se ha perdido cerca del 50% para cuando se confirma el padecimiento.
El especialista enfatizó que la alteración glucémica no aparece de repente, sino que es un proceso silencioso que solo se detecta mediante chequeos periódicos, especialmente en personas con factores de riesgo como antecedentes familiares u obesidad.