
La inteligencia emocional, desde la neuropsicología, se define como la capacidad de interpretar las emociones humanas y gestionar los estímulos de manera adecuada, un proceso que requiere dominar cinco elementos esenciales para relacionarse con los demás y consigo mismo.
El autoconocimiento implica reconocer las emociones que nos acompañan diariamente y entender cómo estas influyen en nuestras decisiones, mientras que la autogestión permite canalizar sentimientos como el enojo, que no debe considerarse una emoción negativa.
La experta enfatiza que saber expresar lo que nos incomoda sin caer en reacciones impulsivas es el verdadero desafío de la autogestión emocional.