Niño, de 10 años de edad, queda entre la vida y la muerte al recibir una balazo en la cabeza en el barrio El Riguero de Managua

Un niño, de 10 años de edad, cayó al suelo tras recibir un impacto de bala en la cabeza, al momento que regresaba de comprar una bolsa de pan con su papá David Páez en una pulpería, ubicada a una cuadra de su vivienda en el barrio El Riguero de Managua. Cámaras de seguridad de […]

Un niño, de 10 años de edad, cayó al suelo tras recibir un impacto de bala en la cabeza, al momento que regresaba de comprar una bolsa de pan con su papá David Páez en una pulpería, ubicada a una cuadra de su vivienda en el barrio El Riguero de Managua.

Cámaras de seguridad de la zona registraron las desgarradoras imágenes que hoy inundan de tristeza e indignación a todo un barrio. En la grabación se escuchan con claridad seis detonaciones que rompieron la calma de la noche de este lunes. Según relatos de testigos invadidos por el miedo, un sujeto con el rostro oculto bajo un casco de motocicleta emergió de un callejón que conecta con el cauce de El Dorado y abrió fuego.

Versiones preliminares apuntan a que los disparos iban dirigidos a otra persona que transitaba por el lugar, convirtiendo al niño en la víctima inocente de una bala perdida. El estudiante de cuarto grado de primaria fue trasladado de urgencia al hospital materno infantil Manuel de Jesús Rivera “La Mascota”.

Su condición es sumamente delicada; los médicos lo mantienen intubado y realizan esfuerzos desesperados por salvar su vida, mientras tanto, en el lugar de los hechos el panorama se tornó tenso con un fuerte despliegue de oficiales del Distrito Uno y peritos de Criminalística, quienes recolectaron casquillos y muestras de sangre en la escena.

Durante el operativo investigativo, las autoridades retuvieron a un joven en calidad de sospechoso dentro de una vivienda cercana. La consternación ha unido a los vecinos, amigos y familiares, quienes realizan cadena de oración. Entre lágrimas y súplicas claman por un milagro divino que devuelva la salud al pequeño, un niño cuya única culpa fue acompañar a su padre a la venta como lo hacía cada noche.

Por Jairo Castillo.