
Un nuevo estudio publicado en la revista “Neuroprotection” sugiere que el ejercicio físico podría ser una herramienta terapéutica clave para tratar el Parkinson, enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo y que podría aumentar con el envejecimiento poblacional.
La investigación encontró que una vida activa favorece las capacidades cognitivas a través de moléculas llamadas exerquinas, liberadas durante la actividad física, que permiten que los músculos no solo reciban señales del cerebro sino que también envíen compuestos químicos que benefician al órgano.
Los autores advierten que los tratamientos farmacológicos actuales están orientados a aliviar síntomas y no a frenar el proceso de base.