
El insomnio, la fatiga crónica y los problemas cardiovasculares son algunas consecuencias de una excesiva carga laboral. La psicóloga Fátima González explicó que cuando una persona trabaja de manera compulsiva, detrás suele haber una necesidad de evitar sentir algo.
La acumulación de tareas sin descansos físicos ni mentales puede derivar en el síndrome del trabajador quemado, un problema de salud mental que afecta la calidad de vida.
González señala que la adicción al trabajo no debe confundirse con cumplir bien las obligaciones, sino que se manifiesta cuando el empleo empieza a restar tiempo para la familia, los amigos y el autocuidado.
Poner límites claros, como respetar el horario laboral, es fundamental para recuperar el equilibrio entre la vida personal y profesional.
La recomendación es que tanto empleados como empleadores prioricen la calidad sobre la cantidad de trabajo, ya que un cerebro agotado rinde menos y es más lento.
González insiste en que reconocer esta conducta compulsiva es el primer paso para buscar ayuda y recuperar el bienestar integral.