
Varios de los feminicidios registrados recientemente en Nicaragua tienen un patrón común: la negativa de las víctimas a continuar o retomar una relación con sus agresores, quienes en su mayoría son parejas o exparejas.
La incapacidad de gestionar el rechazo, alimentada por apegos excesivos, dependencia emocional y obsesiones, distorsiona el concepto de amor y puede desencadenar violencia fatal.
Expertos advierten que es fundamental aprender a gestionar el rechazo antes de que se convierta en agresión.